viernes, 16 de noviembre de 2012

3.5.2 Métodos de Conservación


La conservación puede aplicarse en teoría a tres niveles de organización: génica, de organismo y Ecológica. Con el avance de las técnicas de ingeniería genética, es posible que en el futuro lleguen a establecerse bancos de ADN; sin embargo,  por el momento los genes se conservan agrupados en individuos o en ecosistemas.
Los métodos de conservación de recursos filogenéticos pueden clasificarse de esta forma en dos grandes categorías: métodos de conservación ex situ y métodos de conservación in situ.  Estos últimos consisten en preservar las variedades o poblaciones vegetales en sus hábitats originales, mientras que en los primeros la conservación se realiza en los denominados bancos de germoplasma.
Conservación en campo:
La conservación mediante colecciones de plantas mantenidas en el campo se realiza fundamentalmente en especies sexualmente estériles o que poseen semillas que no pueden ser conservadas durante largos periodos de tiempo. Se emplea también en especies de reproducción vegetativa para el mantenimiento de clones y en aquellas que tardan mucho en producir semilla, como es el caso de las forestales. Entre los cultivos que se conservan en colecciones de este tipo se encuentran algunos de tanta importancia como la patata, la mandioca, el ñame, la batata, el plátano y los árboles frutales en general. Las colecciones de plantas se mantienen en el campo, regenerándolas periódicamente a intervalos que dependen de la duración del ciclo de la planta. Este tipo de conservación necesita grandes extensiones de superficie, especialmente cuando se trata de árboles, y requiere un coste de mantenimiento elevado sobre todo si las plantas necesitan regeneraciones anuales o muy frecuentes. El riesgo de pérdidas por ataque de plagas y enfermedades, anomalías climáticas u otros accidentes naturales es también mayor que en otros tipos de conservación.
Conservación de semillas:
Este método de conservación es actualmente el más utilizado en los bancos de germoplasma, Resultando el más eficiente, económico y seguro para la conservación ex situ de la mayoría de las especies de las zonas templadas, cuyas  semillas son capaces de permanecer viables largo tiempo bajo determinadas condiciones (semillas “ortodoxas”). La longevidad de las semillas ortodoxas puede aumentarse extraordinariamente disminuyendo su contenido de humedad y la temperatura de almacenaje. Según las reglas empíricas de Harrington (1965), la vida de la semilla se duplica por cada 5ºC de disminución de temperatura y por cada 1% de reducción de su contenido en humedad, siendo ambos efectos aditivos. La disminución simultánea de estos dos factores permitiría, al menos teóricamente, mantener durante cientos de años la viabilidad de las 


semillas, siendo el proceso utilizado mayoritariamente por los bancos. En la actualidad, las Normas para Bancos de Genes (FAO/IPGRI, 1994) recomiendan como condiciones más adecuadas para la conservación de colecciones a largo plazo (colecciones base), un contenido de humedad de la semilla del 3-7% y una temperatura de –18 C. Condiciones menos estrictas, principalmente en lo que se refiere a la temperatura, se admiten para la conservación de colecciones a medio plazo (colecciones activas).
El proceso de conservación de semillas comprende varias etapas sucesivas y se inicia con el registro de las entradas y con las operaciones de limpieza requeridas en cada caso. Las semillas se desecan a continuación en un ambiente con baja humedad relativa hasta alcanzar la humedad interna deseada, se envasan herméticamente y se almacenan en cámaras frigoríficas. La elección de recipientes adecuados es un aspecto crítico de la conservación y, de hecho, la pérdida de hermeticidad durante el almacenaje ha sido probablemente una de las mayores causas de erosión genética de muchos y muy importantes bancos de germoplasma. Previamente al almacenaje debe evaluarse la viabilidad de las muestras, lo cual se hace normalmente mediante ensayos de germinación. La baja calidad de las semillas de partida es un factor que influye negativamente en su longevidad, por lo que las muestras iniciales deben tener porcentajes de germinación lo más elevados posible, tomándose normalmente el 85% como valor umbral. La viabilidad de las entradas debe ser controlada periódicamente para impedir un envejecimiento de las semillas que puede alterar sus características genéticas. Como norma general se recomienda una revisión cada 10 años para colecciones base y una regeneración de la muestra cuando la germinación haya descendido por debajo del 85% del valor inicial (FAO/IPGRI, 1994).

fuente:  

http://www.esporus.org/recursos/articles/agrobiodiversitat/conservacion_rec_fitog_isaura_martin.pdf




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