La regeneración viene marcada por
la necesidad de rejuvenecimiento de las muestras almacenadas, las cuales pueden
alterar sus características genéticas al envejecer. La multiplicación es
necesaria cuando es preciso aumentar el tamaño de muestra para llegar a los mínimos
de conservación recomendados o para disponer de reservas suficientes para
suministrar a los usuarios. Ambas operaciones constituyen un mismo proceso
aunque en cada caso puede variar la cantidad de material a obtener. La
regeneración o multiplicación en campo son actividades costosas y delicadas en
las que la diversidad resulta especialmente vulnerable. Su principio primordial
debe ser no alterar la composición genética del material vegetal, lo cual
implica controlar procesos a veces muy complejos cuando las entradas son
poblaciones heterogéneas. En estos casos, es necesario evitar una pérdida
selectiva de genotipos a lo largo de todo el ciclo de cultivo, para lo cual es fundamental
que el ambiente del lugar de multiplicación sea lo más semejante posible al de
origen. El tamaño de la muestra debe ser suficiente para minimizar el riesgo de
pérdida de alelos al azar (deriva genética) que se acentúa cuando las poblaciones
son pequeñas. Además, en especies alogamas,
es preciso utilizar métodos de aislamiento que eviten contaminaciones
por polen extraño y no impidan la polinización natural, lo cual que resulta muy
costoso cuando hay que multiplicar simultáneamente un número elevado de
muestras (Breese, 1989). Los procesos de regeneración y multiplicación deben
por tanto realizarse con la menor frecuencia posible y en casos especialmente
problemáticos, como es el de las especies silvestres, puede ser más aconsejable
realizar una nueva recolección cuando esto que sea posible.
fuente:
http://www.esporus.org/recursos/articles/agrobiodiversitat/conservacion_rec_fitog_isaura_martin.pdf
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